Cartas


Empatías II

Ni atardecer ni amanecer.



Felicidades, amiga!

Empatías

Escribo este post para decirte que te entiendo. Créeme, te entiendo perfectamente.

Por eso huyo de esas frases insípidas y vacías tipo "la vida te pone en determinadas situaciones" como si la vida fuera un ente con raciocinio y dijese:
- Mira, según mi agenda, hoy es un buen día para putearte.
Y claro, ante semejante declaración de intenciones a ver que carallo haces. Pues nada. Ya puedes correr, encerrarte en tu cuarto, meterte debajo de las sábanas o viajar a las antípodas que no vas a conseguir huir.
¿Realmente quieres huir? Porque, como ya sabes, el problema seguirá estando ahí, esperandote a que vuelvas de las chimbambas.

Pero yo no espero eso de tí. No puedo esperarlo. Tu eres una persona fuerte y valiente, con mucho carácter y aun más personalidad. Sé lo que digo porque te conozco y te siento y porque, al sentirte, me recuerdo.
No hace tanto tiempo en que todo salía mal. Con una desesperación agotadora - hasta sobrepasar los límites físicos - te sentabas en el filo de la cama (por no darte contra la pared) y pensabas: - ¿pero, por qué? ¿por qué sale todo tan mal? ¿qué es lo que no estoy haciendo bien, qué estoy pasando por alto, en qué elección me equivoqué, fue tan estrepitosa esa equivocación? ¿qué está pasando con mi vida? ¿qué puedo hacer?
Y reflexionas. Y repasas los últimos meses. Y sigues sin entenderlo, pero aún así, decides coger las riendas con fuerza para, la próxima vez, no volver a sentirte perdida. Y 3 semanas más tarde reconoces con enorme dolor que no sólo las cosas no han mejorado, sino que, además, tienes la extraña sensación de que hay algo o alguien ahí, tocándote las narices intesivamente y que disfruta con ello. Y mientras, sigues con un enorme interrogante delante de la puerta de tu habitación, también está si te asomas a la ventana y por supuesto, te sigue en el vagón del metro y hace cola contigo esperando en la caja del supermercado.
Ese interrogante va minando tu interior, acompañado de una desazón sin fin, de una desesperación desgarradora que te impide aceptar la ayuda de los demás, así que giras sobre ti misma 200 veces, por la noche vuelves a girar otras 500 y gritas ... ¡¿cuándo se acabará esto?!

Pero no tengo que decirte lo mucho que cambiaron las cosas para bien. Y tú, que eres mejor persona que yo, no vas a ser menos. Puedo verlo ya. La vida te pondrá en determinadas situaciones de felicidad, plenitud y satisfacción y sólo podrás sonreir. Te mereces lo mejor y lo mejor te llegará. Y no tardará mucho.
Espero que me permitas ser testigo de éso también.




Porque cada atardecer es diferente, cada amanecer también lo es.


Un abrazo, amiga :)