Hacerse Caso.

Hace unos meses sentí, junto con mi niponcilla -desde entonces bastante jodidilla de salud, como ya sabréis algun@s- lo que supone no hacerse ni puto caso a uno mismo. Sí, porque uno, por muy malijno-superman que se crea, es tremendamente insignificante, y por mucho que se empeñe en "salirse impunemente con la suya", no siempre lo consigue -y muchas veces lo consigue sin pretenderlo- lo cual le lleva inevitablemente a un ejercicio de humildad y flexibilidad -a saber dejarse llevar en ocasiones, o saber fluir, que es otro modo de expresarlo más a lo "new age"-.

En multitud de ocasiones de mi vida he sentido claramente en qué circunstancias no me debía meter bajo ningún concepto, o en cuales me debía involucrar sin lugar a dudas. Y en mi caso, casi siempre escucho las segundas y me meto en el ajo. Gracias a esta escucha todo me suele ir bastante rodado, todo fluye. Suelo decir que puedo hacer todo lo que me propongo..., pero es que en realidad suelo proponerme todo aquello que siento que puedo y debo hacer, lo cual es hacer trampa.

Sin embargo, no me hago tanto caso en las ocasiones en las que me digo a mí mismo: "no te metas en este berenjenal, bajo ningún concepto, o habrá consecuencias...". Claro, y es que como buen capricornio, uno es bastante cabezoncete -por ser benijno conmigo mismo-, y encima, acostumbrado a que todo me "salga" o a hacer lo que me da la gana con éxito, pues no tolero muy bien que nadie me impida nada, ni siquiera me lo tolero a mí mismo. Así, en estas ocasiones, a veces me desoigo, o me hago el sordo, y "tiro palante", a pesar de saber a ciencia cierta que habrá consecuencias negativas de algún tipo, pues el "salirme con la mía" me termina compensando a pesar de todo... En otras ocasiones no me repatea tanto la aceptación de la situación intuida, y accedo a obedecerme...

Mi vacuna mujer, que se escucha bastante más en este sentido, me comprende perfectamente, y a veces también se pasa por el forro sus "avisos" internos, por tal o cual motivo... A ella le habla muchísimo su "estómago", pues siente dichas historias mentales en esa parte de su cuerpecillo. Y suele decir que su estómago nunca se equivoca -aunque siempre hay que dejar un margen de falibilidad, lógicamente-.

Pues bien, como os iba contando, hace unos meses sentimos ambos que un plan con unos amigos no lo "veíamos" claro... Era un plan de fin de semana, pero yo no me veía ahí, no lo sentía para mí, no sentía nada... Era un fastidioso aviso para que no fuéramos, fastidioso porque visto lógicamente todo apuntaba a que iba a ser un fin de semana fantástico en un entorno maravilloso y con una compañía con la que las distancias entre seres humanos se desvanecen, dejando paso a uno de mis mayores disfrutes, por no decir el mayor de todos: el manifestarse con total transparencia en todos los sentidos gracias al cariño y la apertura de los demás, pudiendo compartirse uno mismo al 100%, cosa que poca gente se merece o sabe recibir...

Mi querida esposa, por su parte, igualmente fastidiada, veía dos líneas claramente, gracias a su "estómago"... Una de las líneas era la de nuestras circunstancias, y la otra la que conformaban las circunstancias del mencionado plan de fin de semana. Estaba claro en su cabeza que esas dos líneas no debían cruzarse, pues si lo hacían habría consecuencias, y éstas podrían ser irreversibles muy probablemente...

Así que, a pesar de nuestras percepciones, nos hicimos los remolones -sobretodo yo, que tengo práctica en hacer "la vista sorda y los oídos ciegos"-, y aunque nada convencidos, decidimos que nuestros cojones eran muy gordos y que íbamos..., eso sí, con mucho cuidado en la carretera, como siempre o más todavía.

Efectivamente algo no iba bien..., y aunque no se dejó sentir en el aparentemente cuasi-perfecto fin de semana, sí lo hizo un par de días más tarde..., cuando ya creíamos que nos librábamos -lo cual sabíamos o intuíamos que era muy muy poco probable-. Para resumir, diré que hubo dolor, hubo llanto, hubo decepción, hubo conflicto, y también aprendizaje a través de todo ello, como gente despierta que somos... Pero a pesar de ello, las cosas se pueden aprender de otro modo, y sobretodo sin efectos secundarios, especialmente si estos suponen la posible pérdida de una queridísima amistad...
















































En fin, el tiempo dirá si los abismos abiertos se vuelven a cerrar..., si los puentes que se tienden se construyen de verdad desde ambas partes o sólo en apariencia, quedando éstos a medio camino... Veremos si puede más la seguridad del refugio o el valor del compartir, en definitiva, si nos quedamos con el miedo o con el amor..., pues de lo segundo hay muchísimo...

De todos modos no importa, nada es importante y todo lo es... Sólo queda agachar la cabeza y asumir el error con dignidad, con humildad, siempre para no volver a cagarla en otra ocasión, y para no arrastrar a otros en mis ansias de "salirme con la mía" a toda costa... Pues es de sabios escucharse más, es necesario hacerse un mayor caso..., ya que es mucho más costoso el construir que el destruir, tanto en tiempo como en energía invertida... Asimismo, es más fácil arrastrarse por las piedras que volar sobre el océano, evidentemente...

Al fin y al cabo, en mi opinión, la sabiduría es en gran parte el conocimiento práctico de dichos caminos, de cuándo transitarlos y de cuándo no hacerlo..., de cuándo acoger y de cuando dejar ir... Difícil cuestión cuando uno no está plenamente en sí mismo, y mucho más cuando uno está bastante perdido o alienado, esperando sin saberlo el próximo -e internamente ansiado- reencuentro consigo mismo, que en ocasiones tarda demasiado en llegar...

Con cariño, de ese cariño malijno que algunos pocos conocen y aprecian realmente... Y gracias por ello, de corazón...