18 de Febrero, 2006


Evolución del yo (IV parte)

Muuuuuuuuuuuuuu!!!

Ensayo Sobre Ellos, La Nada

Espero con infinita impaciencia a que la luz del faro, que me ha guiado intermitentemente toda mi vida, se apague de una maldita vez, porque estoy cansada de esforzar mi retina en vacíos, de oír huecos y de hablar con pozos.
Lo único que temía que ocurriese, la extinción de ideas - pequeños dinosaurios acorralados bajo una lluvia de meteoritos de fuego y hielo -, la sequía de revelaciones – porque no hay agua para regar –, y la paulatina esterilidad humana, ya no importan y eso ya no me diferencia del resto, sino que me une a ellos, aunque no lo sepan. No importan porque, al fin y al cabo, todas las especies están en peligro de extinción, el agua dulce será un lujo y la tierra dejará de fertilizar seres humanos para dejar paso al mármol rosa. El viento del norte me lo contó un día bajo un pacto de honor en secreto y en ese momento morí.

Soy diferente. Eso es fácil saberlo. Incluso dentro del grupo de los distintos. Se es diferente cuando observas con inmenso dolor que nadie quiere ser como tú y esa es nuestra ventaja: se supone que tenemos falta de iniciativa y adaptación porque somos nosotros los que defraudamos con nuestras palabras, nuestros gestos y actitudes, en definitiva, con nuestros dardos envenenados lanzados al vacío, ese que no nos acepta y que, o bien nos abandona o bien nos empuja con fuerza a caer, como piedras en abismo.
Piedras que sólo son libres de rodar y rodar. El desgaste que sufre el abismo es mínimo, mientras que ellas empequeñecen a cada milímetro recorrido. ¿Qué resta de ellas cuando llegan abajo, las que llegan, si es que lo hacen alguna vez? Las más, abandonan y se quedan por el camino. Las menos, se deshacen poco a poco y desaparecen, olvidadas porque no llegaron nunca a formar parte de la minoritaria memoria colectiva de las que están abajo. Yo estoy abajo, pero una fuerza, ahora, me obliga a subir. Y no quiero. ¡No quiero!

Un día escribo estas palabras y mañana una bonita historia de amor. No me entiendo. Mejor. Si me entendiese significaría que sigo siempre una pauta de comportamiento definida. Eso me haría previsible. Sería como ellos, como la nada. Igual y repetitivo. Lo bueno es que, aunque quisiera ser predecible, no podría. Es imposible y eso me alegra.

Pero si somos nosotros los que defraudamos, tanto que no somos aceptados, no podemos empeorar, así que sólo queda superarnos. Eso no supone desobedecer, sino comer con la izquierda, abstenerse en las votaciones, apagar la tele y romper el periódico para preferir leer los textos propios y obligarte a plasmar en un papel lo mucho que defraudamos y lo tristemente orgullosos que nos sentimos del rol que habéis adjudicado vosotros, grandes amantes del etiquetado, solemnes generaciones de pastores y sublimes enumeradores de vacuno al rojo vivo.

Esta inadaptación forzada, impuesta, por cribas que yo no elegí, por una familia, ciudad, país, cultura, época y sistema que yo no escogí porque, si hubiese podido, hubiera decidido el no tener modo de averiguar en qué momento empecé a cerrar los ojos. Si yo hubiese podido, hubiera elegido no poder, no elegir, no saber, sin saber nada antes de la hipotética elección.

Esta noche el sentimiento de resistencia abandona mis 12 casas astrológicas con excesiva frecuencia – demasiados viajes a Finis Terra -. Y sé que mañana me arrepentiré, haré nacer nuevas rebeliones contra el vacío, intentándolo llenar de faros de Hércules, de comercio mercantil marítimo de Oriente y bibliotecas de Alejandría. Pero es algo que no puedo evitar, llega un momento en que puede conmigo. Y, aunque la lucha es feroz, esta noche tengo la guardia baja, las trincheras vacías, el pelotón en la cantina, ahogando sus penas con mujeres bonitas y whisky barato.

Nadie puede, por tanto, hacer sonar la sirena. Tampoco hay ningún alto mando que quiera planear conmigo un contraataque por sorpresa – ¡la revolución! –, todos me abandonaron y, sin embargo, todos me dijeron dónde iban a estar, por si acaso les necesitaba. Y ahora, una invasión inminente del ejercito de la supra-realidad anula cualquier tipo de alerta en mí. Tanta legitimidad me ahoga, sufro un colapso, siento que me quiero morir y escribo estas palabras. Desgraciada o afortunadamente, no sé, nunca muero. Mañana renaceré de mis cenizas, como Ave Fénix, y el sonido de emergencia recorrerá velozmente todo el campamento. Entonces, volveré a agitar los pensamientos de los demás, me sublevaré contra los prejuicios, me opondré contra los medios de comunicación y su basura teledirigida, protestaré una y mil veces contra una sociedad que premia la cantidad de billetes en el banco y no la calidad de sus acciones, y lucharé sin fin contra la supremacía de grupos privilegiados, contra la desigualdad de minorías y contra la inacción y la pasividad de nuestra era. Gritaré hasta la afonía contra ese abismo. Insubordinaciones, alborotos, enfrentamientos... todos en mi interior...

Esta Guerra Civil sin fin me está devastando. Hoy y sólo hoy quiero que termine. Que no suene la alarma nunca más. Pero, ¿Es realmente necesaria? No. No lo es. Sólo busco una caricia que luche conmigo. ¿Habrá alguien alguna vez?


05-04-2001

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La BSO de Mi Vida - I Parte

No mentías. Aunque tampoco toda la verdad. Un día tras otro, siempre el mismo ritual. Yo pasaba horas enteras a tu lado pero no estabas. Muy cerca, en el corazón, pero muy lejos, en la distancia.
Esta provincia está muy bien comunicada. Miles de personas van y vienen, fluidamente, a todas horas, en todo tipo de transporte así que, al acabar la jornada, ahí estabas, otra vez, desnudo, entre mis brazos. Volviendo a mí y yo a ti.
Nunca alcanzaste el placer supremo porque nunca abriste el más pequeño de los frascos. Y, sin embargo, las sábanas parecían tu hábitat natural. Se pegaban a ti desde la primera caricia y me obligabas a acercarme a ellas, tanto que se convertían en una segunda piel. Entonces, te deslizabas dulcemente, con ternura dentro de mí y tus besos irrumpían en la tranquilidad de mi silencio, rompiendo la tácita tregua, incursionando las partes más recónditas de mi cuerpo e invadiendo todo mi ser.
Tengo tu recuerdo muy reciente en mi memoria y suelo evocarte con asiduidad, demasiada, estoy enferma de ti. Hasta tal punto que aún siento las yemas de tus dedos buscando duendes y gnomos en mis senos. Aún huelo la suave humedad de tus ingles. Aún veo las huellas de tu pasión en mi cuello y aún las disimulo dejando caer el pelo, por si acaso. Aún noto encima de mí tu peso, ligero pero profundo, frágil pero intenso. Aún intento borrar tu rastro, pero no puedo, y aún confundo mi dermis con la tuya.
Puedes comprobar que, después de tanto tiempo, sigo alimentando mi fantasía contigo, con tu aliento, con tu voz. Tengo recaídas por la ausencia de tu presencia y necesito tantas cosas...
Me acuesto. Abro mi pequeño joyero de tesoros lejanos y rememoro aquellos días. Pongo un CD. Tiernos susurros dan paso a suspiros que se aceleran lentamente entre besos y caricias para acabar en pequeños gritos ahogados. Todo bajo un fondo musical de risas cómplices y movimientos acompasados. Es la BSO de nuestro corto pero intenso y auténtico amor.


05-04-2001

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Y mañana las 2 últimas entregas, se acabó el morbo xD.
Muuuuuuuuuuuuuu!!!!!!!!